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Cultura

‘Marea humana’, de Ai Weiwei: una obra de arte que humaniza las migraciones

‘Marea humana’, de Ai Weiwei: una obra de arte que humaniza las migraciones

Tristeza, violencia, lejanía. Estas y otras connotaciones negativas eran denominadores comunes en las historias y noticias sobre migrantes y refugiados. Ahora Ai Weiwei acaba de dar un giro maestro y radical a esta narrativa en Marea humana (Human Flow), una obra de arte en forma de película documental, coproducida y dirigida por el artista y activista chino, que recorre nada menos que 23 países afectados por los flujos de millones de personas que abandonan sus hogares empujados por la guerra, el cambio climático o el mero sueño –o derecho– de aspirar a una vida mejor. Marea humana llega a los cines españoles el seis de abril de la mano de A Contracorriente Films, aunque este martes unas 300 personas –entre ellas el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero– asistieron al preestreno del filme en un acto para recaudar fondos para la Fundación porCausa, especializada en investigar asuntos migratorios. La nueva película de Ai Weiwei logra una fórmula casi imposible: narrar con belleza artística y planos que parecen cuadros realistas la desgarradora y a la vez esperanzadora –sí, esperanzadora– situación de millones de personas refugiadas y migrantes, reflejando su faceta más humana, sin caer en el amarillismo y poniendo énfasis en la dignidad, su oda a la vida en mitad del infierno de incertidumbre que viven, y el alto coste que pagan por la indiferencia de quienes no atraviesan su situación. El artista chino consigue unir al público y a los protagonistas de la película creando una atmósfera de empatía y dureza que parecía agotada tras años de titulares vacíos y distantes. La película arranca en la isla griega de Lesbos y desde ahí salta a Iraq. Durante dos horas de largometraje, Ai Weiwei y su equipo acompañan y escuchan a miles de refugiados y migrantes a través de la ruta de los Balcanes, Calais, la frontera de México con Estados Unidos, Líbano, Palestina, Jordania, Turquía, Italia, Kenia, Birmania, Afganistán… Este viaje íntimo y poético del artista chino no solo avanza en el plano geográfico, sino también en el discursivo. Arranca con los sueños de quienes acaban de emprender el camino hacia su salvación (“vamos a un país que nos ayudará y nosotros le devolveremos el favor”, dice al principio un refugiado sirio), sus primeros tropiezos (“¿qué debo hacer?”, se pregunta un refugiado que ha perdido a varios familiares) y la angustia que les produce sentirse abandonados (“nos dijeron que en Europa había democracia, respeto a la dignidad humana”, afirma un migrante de origen africano que duerme al raso en París). El filme derrocha belleza y al mismo tiempo evidencia el elevado coste económico, cultural y humano de deshumanizar a quienes emigran, así como las consecuencias directas de erigir muros para atajar una de las peores crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Marea humana no es una película documental convencional. El director entra en escena y permite que el espectador aprecie cómo interactúa con los protagonistas de la historia, con su faceta más terrenal. Ai Weiwei, que fue y sigue siendo emigrante, se aleja del áurea mística que muchos le atribuyen y devela la cara humana, íntima y mundana para reivindicar algo que con frecuencia olvidamos: que no somos más que seres humanos que ríen y lloran, que aman y sufren, y que desean una vida en paz. Hasta las escenas más fortuitas esconden metáforas que ponen en evidencia cómo las migraciones han formado parte de la historia y la riqueza humana desde antes incluso de que pudiéramos dejar constancia de nuestra memoria. El cine tiene la capacidad de crear vínculos emocionales capaces de transformar la sociedad. Quien no esté de acuerdo, que pruebe a ver Marea humana. LaMarea.com
Medios e inmigración

Medios e inmigración

¿Qué cuentan los medios de comunicación sobre la inmigración y cómo lo hacen? Llama la atención el dibujo que, para dar respuesta a esta pregunta, hizo un estudiante de Málaga durante uno de nuestros talleres de sensibilización en institutos: dos migrantes con el torso desnudo a bordo de una patera, llevan consigo lo que parece una bomba. La forma en la que hablamos de la inmigración y de las personas migrantes pone de manifiesto la imagen que tenemos de ellas y de qué manera pretendemos relacionarnos con ellas. Muchos de nuestros comportamientos y actitudes frente a las migraciones se basan en prejuicios sociales que son fomentados en demasiadas ocasiones desde los medios de comunicación. El empleo del lenguaje no es inocente ni neutral y supone una toma de posición. Rara vez cuentan los medios el proceso migratorio como el movimiento de personas en busca de una mejor vida, algo inherente al ser humano. Sin embargo, abundan los contenidos informativos que describen las migraciones como desastres naturales dramatizando su envergadura real mediante un lenguaje exagerado. Términos o expresiones como «avalancha», «invasión masiva», «oleada», «presión» o «crisis migratoria» están presentes en una de cada cinco noticias analizadas en un estudio elaborado por Málaga Acoge sobre el tratamiento informativo de la inmigración y el refugio en dos diarios malagueños. Este marco lingüístico deshumaniza a las personas migrantes y refugiadas y produce en la audiencia un sentimiento de preocupación y rechazo. En un titular de diario Sur de 16 de junio de 2017 se leía: «La avalancha de pateras obliga al Pabellón de Ciudad Jardín a albergar a los inmigrantes», mientras que en una pieza de La Opinión del 18 de julio de 2017 se informaba de que «también se han intensificado los intentos de asaltos masivos a la valla». Otra tendencia del tratamiento periodístico de la inmigración que criminaliza a las personas migrantes es enfatizar su nacionalidad en las noticias aunque no este elemento no añada información relevante. Lo hemos podido ver en estos días con la noticia del asesinato del niño Gabriel cuando para referirse a Ana Julia los medios de comunicación hicieron suya en la mayoría de las informaciones la frase «de origen dominicano», como si el nombrar la nacionalidad permitiese explicar las causas del delito. Y no, hacer hincapié en la condición de migrante, decir que Ana Julia es negra no ayuda a explicar nada sino que estigmatiza y alienta la discriminación hacia todo un colectivo. El estudio, que abarcó 135 noticias de el diario Sur y La Opinión del 1 de enero al 31 de julio de 2017, puso de relieve que el 34 por ciento de las informaciones cumplía con al menos un indicador negativo planteado: o bien enfatizaban la situación administrativa irregular del migrante, o bien su nacionalidad, etnia o religión sin que esto fuera necesario para la comprensión global de la pieza. Esta referencia innecesaria a la nacionalidad, que se da sobre todo en noticias de sucesos, o usar un lenguaje que evoque imágenes de invasiones o desastres naturales («avalanchas», «desbordamientos») calan en el imaginario colectivo y refuerzan el miedo a «los otros», que se convierten en una amenaza y un riesgo social a controlar. La estigmatización del colectivo se alimenta más aún cuando en las informaciones se vincula migración con terrorismo cuando no existe una conexión estructural entre ambos fenómenos. ¿Podría ser el dibujo de este estudiante un reflejo de la vinculación entre violencia, terrorismo e inmigración? El relato predominante suele ser el del impacto negativo de las personas migrantes y refugiadas en una sociedad que, además, no les escucha contar en primera persona las razones por las que dejaron sus países: Sólo 8 de las noticias analizadas en el estudio recogen las voces de personas migrantes como fuente además del recurso a las más habituales judiciales y policiales. Y más invisibles aún son las mujeres migrantes y refugiadas, cuya narración no aparece en las informaciones abarcadas. Pese a estas prácticas inadecuadas en los medios, el papel de la cobertura informativa de los fenómenos relacionados con la inmigración no es negativo de forma global y el estudio pone de manifiesto avances en cuanto a una mayor responsabilidad y rigor. No obstante, queda camino por recorrer en lo que se refiere al enfoque y el lenguaje empleado y, sobre todo, en la consciencia de la gran responsabilidad del periodismo en la construcción del mensaje. La Opinión de Malaga