Por primera vez a lo largo de su larga carrera, la reconocida payasa e intérprete catalana Pepa Plana pisa un escenario alicantino, siendo el del Teatro Arniches el elegido con su espectáculo Paradís pintat. ¿Por qué no ha ocurrido hasta ahora? «Supongo que el mundo es muy grande. Pero estoy muy contenta de estar, después de 30 años trabajando, por fin aquí. Me hace mucha ilusión y, como se suele decir, mejor tarde que nunca. Lo pasaremos todos muy bien», responde Plana.

Paradís pintat es la historia de un ángel rebelde que quiere volar, «pero no lo consigue de ninguna manera. Se da cuenta que es mucho más fácil nadar que volar por lo que será el ángel de la guarda del mar. Así se encuentra con un mundo malogrado históricamente -no solo en la actualidad- con los éxodos, con esas personas que pierden la vida en el mar buscando una vida mejor». Un «drama» migratorio, que junto a una reflexión sobre hipocresía actual de la sociedad, centra la trama de esta obra «agridulce». «Para mí ha sido como una necesidad tratar estos temas. Parece que porque somos payasos y payasas no podemos hablar de ello pero creo que es justamente todo lo contrario. A veces es necesario ponerle al espectador un espejo delante y tocar donde realmente duele. Es un espectáculo muy frágil, poético, que hace reír siempre desde el respeto, pero sobre todo nos hace pensar».

«La función de un artista es la de mirar al mundo y desde nuestra perspectiva devolvérsela al público para que puedan decir: 'No lo había visto nunca desde ese punto de vista'. Ahora mismo esta sociedad está acostumbrada a ver ciertas cosas cada día en los informativos y ya no les conmueven, son solo cifras. Por eso con el arte y el teatro debemos hacer retornar esta emoción, y es necesario porque es muy grave lo que está pasando», añade Plana. En definitiva, en Paradís pintat está hablando del individuo, de las personas, «del tú». «De por qué hacemos lo que hacemos cuando no estamos bien en un lugar, en el trabajo o en una relación. Por qué uno se 'queda pintado', por qué no vuela, por qué no queremos conseguir nuestros verdaderos sueños. Muestro esta falsedad de querer acomodarse en un sitio y no salir nunca de la zona de confort», recalca.

¿El ser humano nunca aprenderá de sus errores? «Aunque lo parezca cuando dicen algo como:'Esto no volverá a pasar' pues no, ya que eso mismo más tarde le ocurre al de al lado. La migración es una constante que se repite y con ella seguimos cometiendo los mismos errores. Y a veces piensas: '¿Hacia dónde vamos?' [risas]. Hace bastante tiempo que en este mundo no vamos muy bien encaminados». ¿Pero hay esperanza? «Sí, un poco siempre hay. Y precisamente la tengo toda puesta en el ser humano, y por supuesto no en los liderazgos sino en la parte librepensadora que somos los que debemos plantamos y decir que no a ciertas cosas. Cosas que realmente no deben ser. De hecho cuando empecé con Paradís pintant no estaba todavía la crisis de los sirios sino que fue por la migración subsahariana. Así que al final estoy hablando de todas las migraciones, no estoy poniendo nombre y apellidos a esta situación, o a esta guerra, sino estoy en el fondo hablando de la humanidad. Cada uno tiene sus propios damnificados en este camino, en esta búsqueda de una vida mejor, y por ello, creo mucho en la fuerza de la gente. Realmente tenemos mucho poder», responde.

Teatro de 'clown'

En este teatro de clown para adultos que realiza Plana, como ella misma denuncia, aún hay mucho prejuicio por parte de la sociedad. «Piensan que es algo solo para niños y no es así, pero muchas veces pienso que esta es una batalla ya perdida. El payaso tiene muchos niveles de lectura. Un niño elige unas cosas, los adultos otras, y también depende del grado cultural de cada uno. En nuestra historia el payaso teatral, el más poético, se ha olvidado. Y además, cuando una persona hace algo que no gusta casi todo el mundo para menospreciarlo o desacreditarlo dice: 'No hagas el payaso' o 'ya estás haciendo el payaso'. Eso nos genera mucha rabia porque no se puede utilizar como insulto una profesión. Sabemos que formamos parte de un colectivo marginado pero que somos, sin duda, imprescindibles», zanja reivindicativa.

El Mundo