Cerca de mil extranjeros hay en Ñuble, según las cifras que manejan las autoridades locales durante este 2017.

En Chillán están asentados inmigrantes de al menos 30 países de todo el mundo. En efecto, hoy es posible encontrar ciudadanos procedentes de lugares que tradicionalmente no habían hecho aportes a la zona, como Rumania, Finlandia, Rusia o Ucrania. Igualmente, sudafricanos, coreanos y haitianos también han arribado en el último quinquenio, no obstante, son países sudamericanos los que más aportan al flujo migratorio local. De hecho, Colombia, Perú, Ecuador, Argentina y Brasil concentran el 60% del total, según los datos aportados por el Ministerio del Interior.

Ante esta realidad, es imposible dejar pasar el aporte en distintas áreas de la vida local que han entregado los inmigrantes a través de la historia. En la actualidad, se evidencia en aspectos culturales como sus comidas y el rescate de sus tradiciones.

Desde Haití

Wilner Jean Pierre cumplirá un año viviendo en Chillán a fines de este 2017. Con una mochila cargada de expectativas llegó desde Haití a comienzos del 2016 hasta Santiago. Se vino porque tenía que trabajar, se vino a la vida, a lo que fuera. Su hijo de 6 años se quedó en su país de origen junto a su mamá. Wilner se esfuerza para enviar cada mes un aporte en dinero para que a ellos no les falte nada.

La capital no le acomodó, entonces le hablaron de Chillán y aquí sí le gustó. “La gente es amable y yo me siento bien en todos lados”, relata en el casi perfecto español que aprendió en República Dominicana, antes de viajar a nuestro país.

Es difícil vivir su cultura en Chillán, puesto que aún no se conforman como comunidad como en otras ciudades como Santiago o Concepción.

“A veces cocino con mi sobrino algunas comidas típicas o le enseño un poco de mi idioma a las personas con las que trabajo”, relata Wilner.

El encanto limeño

Andrea Rodríguez lleva pocos meses en Chillán, tres para ser exactos. Asegura que su aporte cultural, al igual que el de sus compatriotas, sin duda es la comida. Ella llegó desde Lima a trabajar directo al restorán Punto Limeño de Chillán, donde además de llevar los exquisitos platos desde la cocina hasta la mesa, se preocupa de entregar detalles de los alimentos y recetas a los comensales. “Ellos me preguntan acerca de lo que ordenan y a mí me gusta transmitirles un poco de la cultura de mi país a los chilenos. De dónde provienen los alimentos, por ejemplo”, relata.

La alegría de Ecuador 

Es odontólogo de profesión y formó su clínica junto a su esposa que es colombiana. Juan Valencia lleva 10 años en Chile, y de Ecuador, su país de origen, trajo la alegría de las fiestas. “Tenemos un grupo de amigos extranjeros con quienes siempre celebramos en nuestras casas. Las fechas importantes se recuerdan por Whatsapp”, cuenta riendo.

La Discución