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ACNUR: "Hay que ponerle rostro a la migración para evitar la xenofobia"

La crisis que vive Venezuela ha generado una inédita migración de ciudadanos de ese país hacia Colombia. Según cifras oficiales, hay alrededor de 600 mil venezolanos en el país, quienes han entrado tanto de forma legal como irregular. Solo en enero entraron 47.095 personas. Frente a esta crisis, el presidente Juan Manuel Santos anunció nuevas medidas migratorias. Afirmó que busca una “entrada ordenada, controlada y legal” y que se apoyará en la ONU y otras instancias internacionales para encontrar las soluciones. Jozef Merkx, representante de ACNUR en Colombia, en entrevista con la Agencia Anadolu hace un balance de los puntos positivos y los riesgos de este nuevo enfoque frente a la migración. El presidente Santos anunció que de ahora en adelante para entrar a Colombia los venezolanos deberán portar un pasaporte, pero sacar ese documento en Venezuela es complicado. ¿Qué puede producir esta medida? El tema del pasaporte es un tema complicado. Es cada vez más difícil conseguirlo, pero hay más riesgos si la gente no viaja por los pasos oficiales. En varias partes de la frontera hay presencia de grupos armados y realmente no recomendamos que la gente busque esas trochas informales. El Gobierno decidió no expedir más Tarjetas de Movilidad Fronteriza para estadías cortas en el país. ¿Cómo ve esta medida? Se dice que 1,4 millones de venezolanos tienen esta tarjeta. Sirve para estar unos días en el país, comprar medicamentos, alimentos y regresar. Pero cada vez más personas aprovechan el documento para trabajar unos días en el país. Para nosotros es muy importante que haya acceso al territorio. Siempre estamos abogando para que las fronteras estén abiertas. Si la gente está buscando protección en Colombia, debe encontrar apoyo. Entonces algunas medidas nos preocupan. Estamos hablando sobre el tema con el Gobierno. ¿Cómo evitar la explotación laboral de los migrantes? Una buena noticia es que ya 68.000 venezolanos han conseguido el Permiso Especial de Permanencia y ellos tienen acceso a trabajo. Esta medida la vemos con muy buenos ojos. Pero sí sabemos que hay un sector informal muy grande. Lo ideal sería ver en qué sectores económicos necesitan mano de obra y hacer una migración laboral dentro de Colombia para llevar a las personas que necesitan trabajo hacia los lugares donde está la oferta. El Eje Cafetero o la industria de floricultura en Cundinamarca pueden por ejemplo aceptar un número de migrantes, pero eso no es automático, toma tiempo. El gobierno también determinó que, para mantener a los niños en el colegio, los padres deben registrarse ante la Personería o Defensoría. ¿Eso no causaría una deserción escolar muy grande? De hecho, ya tenemos cifras de desescolarización significativas. Estamos trabajando con Defensoría y Personería para apoyar el sistema de registro y caracterización. Eso es vital para entender qué se necesita en materia de respuesta. Santos dijo que, con el apoyo de la ONU y otros organismos, se va a construir un centro de acogida para los migrantes que inicialmente podría albergar a unas 250 personas. ¿Qué detalles nos puede dar sobre este centro? ¿Es lo mismo a un campo de refugiados? No nos gusta crear campamentos de refugiados. No es una solución a largo plazo. Podría ser una solución a corto plazo, pero hay que tratar de evitarlo. Lo que estamos discutiendo con el gobierno es que podrían ser necesarios centros de acogida o de orientación a la gente más vulnerable acerca de las rutas humanitarias. En el Medio Oriente la gran mayoría de los refugiados no vive en campamentos. En Turquía más del 80% de los refugiados vive en Estambul, Ankara y otras ciudades. Aquí va a ser lo mismo. Los migrantes no se quedan en la frontera, sino que viven en diversas ciudades del país. Muchos temen que la Policía empiece a hacer redadas masivas de deportación. ¿Tienen esos temores algún fundamento? No. No hemos visto ninguna directriz con esa intención. ¿Cómo evitar que se llegue a las deportaciones masivas en el futuro? Entendemos que algunos colombianos estén preocupados. Ver gente que duerme en la calle o en un parque genera intranquilidad. Hay que trabajar el tema de orden público y poner controles migratorios, pero estamos en contra de la deportación. No se debe enviar gente de vuelta a Venezuela en estas condiciones. Necesitamos más discusiones con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Migración Colombia y las demás entidades. Hay que buscar alternativas. Colombia nunca había visto una migración como esta. Muchos pueden sentir que los migrantes les quitan las pocas oportunidades disponibles, que son una amenaza. ¿Cómo minimizar la xenofobia? Poniéndole rostro al otro, viéndolo como una persona y no como un ser completamente ajeno a mi realidad. Los que vienen de Venezuela son seres humanos, además son nuestros hermanos y vecinos. Por parte de ACNUR, lanzamos una campaña llamada `Somos panas´, donde contamos historias de hermandad y hemos visto cómo muchos colombianos les dan la bienvenida con brazos abiertos. Pero hay otros que no. Hacemos un llamado a las autoridades y los colombianos en general para que los reciban. No hace tanto tiempo la situación era al revés, eran muchos los colombianos que se iban a Venezuela. ¿El gobierno ya ha puesto recursos para las campañas contra la xenofobia? Estamos discutiendo con ellos la posibilidad de usar contactos en medios masivos para difundir la campaña, pero el tema del dinero aún no se ha materializado. ¿Cómo diferenciar entre un migrante económico y un refugiado? Normalmente diría que el migrante económico sale de su país buscando una mejor vida, mientras que el refugiado no tiene opción. Aquí es una situación muy complicada. Este flujo tiene una gran dimensión de refugio o asilo, pero obviamente no todos lo son. En este caso se hace muy difícil hacer la distinción entre migrante y refugiado, hay que ver con cuidado caso por caso. ¿Cómo va Colombia entregando estatus de refugio? Hasta ahora hay pocos que han ingresado al proceso, muchos no conocen la posibilidad. También hay que tener en cuenta que el proceso puede durar meses y durante ese tiempo el solicitante no puede trabajar. Recientemente se suspendieron los diálogos con el ELN, una guerrilla que está presente precisamente en las zonas fronterizas donde hoy hay mucha migración. ¿Cómo afecta ese conflicto la situación humanitaria en la frontera? Ahora vemos nuevos desplazamientos internos por la reconfiguración de grupos armados. Salieron las Farc pero no está 100% terminado el conflicto y las regiones fronterizas siguen estando afectadas. No hemos resuelto la situación del desplazamiento generado por el conflicto y ahora tenemos una situación nueva con la que hay que lidiar. Agencia Onodolu
Migraciones y desplazamientos

Migraciones y desplazamientos

Bertolt Brecht, uno de los más influyentes dramaturgos del siglo XX, advertía que “en los regímenes autoritarios queda velado el contenido económico de la violencia, mientras que en los regímenes formalmente democráticos queda velado el contenido violento de la economía”. Las migraciones humanas son históricas, las razones de estas son diversas y las políticas que las regulan, en general, restrictivas y punitivas. Los desplazamientos que generan migraciones masivas están frecuentemente relacionados con formas de violencia física, política, y estructural, como la pobreza. Convencionalmente se asume que las migraciones son económicas y voluntarias, cuando en la mayoría de los casos, al menos de los migrantes que se desplazan como fuerza laboral de los países periféricos a los grandes centros de producción, tienen como causa la insostenibilidad económica en sus comunidades de origen. El hecho que una región sea pobre y no cuente con las condiciones necesarias para sustentar las necesidades de su población, se ha considerado simplemente como migración y no como migración forzada. Sin embargo, parece relevante atraer la mirada a la coerción social que existe en el trasfondo de las relaciones sociales. La coerción es un aspecto central en las formas en que actualmente se estructura la sociedad. La estratificación resultante de la misma, genera las posiciones sociales que se imponen como la forma en que se organiza la colectividad, donde algunas personas serán dominantes y otros dominados. Este orden de las cosas se asume como normal, incuestionable e intrínsecamente estable. Incluso las disidencias serán silenciadas de ser necesario. Estas formas de violencia velada es lo que permite legitimar las políticas migratorias, dejando a las personas desplazadas por la pobreza, quienes no cuentan con un estatus migratorio regularizado, en condiciones altamente vulnerables. Tal es el caso de los migrantes centroamericanos en su tránsito por México, así como de los migrantes mexicanos en el vecino país del norte. El discurso universalista de los derechos humanos, se topa con tierra estéril cuando se trata de los derechos de las personas migrantes, quienes, al encontrarse en condiciones de desplazamiento forzado, difícilmente pueden acceder a reclamar sus derechos. Para los migrantes empobrecidos, la ciudadanía ha sido siempre una categoría excluyente, tanto en su propio el país como en el país de destino, de tal modo que sigue habiendo una brecha profunda entre el discurso de los derechos humanos y el acceso real al ejercicio de los mismos. En estos tiempos oscuros, es siempre importante recuperar los aportes de Miguel González Martín (2015), cuando abre la reflexión en torno a la hostilidad histórica que han representado las fronteras y las vidas perdidas en ellas y la posibilidad de modificar el enfoque y acercamiento a las migraciones desde una hospitalidad posible. “La hospitalidad, como valor opuesto a la hostilidad (…), bajo la cual integrar las diferentes dimensiones del trabajo a favor de las personas migrantes: desde el mundo de la vida y la cercanía (acompañar), desde el ámbito de lo social (servir, sensibilizar) y desde el ámbito más público (defender).” La Jornada de Oriente