Trabajé muchas veces con hambre, sin nada que comer. Nadie aguanta trabajar todo un día sin comer. Mi almuerzo era chupar caña, el sufrimiento queda en el rostro. Trabajé en haciendas, ingenios, plantas, y el pago era casi nada”, expresó Cícero Guedes, hace unos años durante un encuentro del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST).

“Trabajé, trabajé y no veía cómo mejorar. La esclavitud es cuando a una persona no le respetan su dignidad y es humillada”, dijo este hombre que tiempo después fuera asesinado cerca de una planta azucarera.

Este duro testimonio fue recogido por la agencia internacional IPS hace unos años y deja de manifiesto que el tema del trabajo esclavo no es novedoso y desde siempre ha sido tema de debate en Brasil, principalmente en las áreas rurales y trabajos vinculados a la ganadería, explotación de carbón, haciendas, industria textil, entre otras.

Pero más allá de lo escalofriante que puede ser esto y una situación que no es exclusiva de Brasil, sino que también golpea a otros países de la región, el país sudamericano en el año 1995 reconoció de forma oficial la existencia ahí de “trabajo análogo a la esclavitud” (la esclavitud como tal fue abolida en el Siglo XIX) y estableció medidas para luchar contra él.

Sin embargo, en las últimas horas surgió esta afirmación contundente: “Brasil dejó de ser una referencia en la comunidad internacional en el combate a la esclavitud”.

Quien la lanzó fue la Organización Internacional del Trabajo (OIT) tras la publicación reciente en el Diario Oficial de una normativa dictada por el Ministerio de Trabajo de Brasil que expresa modificaciones tanto en la definición como en la fiscalización de las condiciones de trabajo “análogas a la esclavitud” en Brasil.

Los cambios también influyen en la difusión de empresas involucradas en estos hechos, además de diferenciar los casos de “condición análoga a la esclavitud” de otras prácticas como “trabajo forzoso” y jornada exhaustiva”, entre otras.

A nivel político, para muchos, esta “flexibilización” responde a un beneficio concedido a la bancada ruralista de Brasil que cuenta con fuerte influencia en el gobierno.

En tanto, a nivel de organizaciones defensoras de los derechos de los trabajadores rurales en Brasil y su situación con la tierra, es la propia Comisión Pastoral de la Tierra que en un informe publicado a comienzos de este año ya denunciaba el fuerte aumento de la violencia con respecto a los campesinos.  El propio Cícero Guedes con su brutal testimonio sobre el trabajo esclavo ha sido una de las víctimas de esta violencia.  Al mismo tiempo, esta comisión sigue pendiente de todo lo que acontece en este terreno, además de haber presentando propuestas y planes para la erradicación del trabajo esclavo.

¿Qué pasa con las exportaciones?

Este jueves trascendió que el tema laboral en Brasil también puede tener repercusiones a nivel comercial y no solo para ese país, sino para el bloque regional amparado bajo la denominación de Mercosur (Argentina, Uruguay, Paraguay, Venezuela –actualmente suspendida-, además de otros asociados),

“No podemos aceptar la importación de productos realizados en condiciones de esclavitud”, expresó, por ejemplo, la eurodiputada Heidi Hautala, reproduce ANSA.

Sin dudas el tema merece atención y preocupación, pero no por los intereses comerciales, sino por la dignidad de las personas que se está viendo afectada con este tipo de medidas. De momento, las voces contrarias a este “retroceso” en materia de controles contra el trabajo esclavo, como fue calificado por algunos, han sido varias y parece que la escalada continuará.

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