Por José Tomás Vicuña. La evidencia muestra que empresas diversas e inclusivas son más creativas y productivas. Este es un proceso que involucra la integración de la población chilena y migrante.

Según la Casen 2015, los migrantes trabajan principalmente en comercio (20,7%), hoteles y restaurantes (12,6%), servicio doméstico (12,3%) y construcción (11,4%). Se ha hecho creer que la migración reduce los salarios o el empleo, pero la evidencia internacional muestra que ello podría ocurrir recién con un porcentaje mayor al 10%.

En Chile sólo el servicio doméstico está compuesto en más de un 10% por población migrante; pero tanto en este como en todos los demás sectores, los efectos en salarios y empleo han sido nulos (ClapesUC, enero 2017).

Pero es miope fijarse sólo en los efectos económicos (aquí no aplica “¡Es la economía, estúpido!”). Entre 2015 y 2016 las denuncias de migrantes a la Dirección del Trabajo por malas prácticas o discriminación aumentaron un 40%. Hay que mirar a las personas, no sólo los números. Inglaterra, Francia, Estados Unidos, vieron sólo los beneficios económicos de la migración, pero no promovieron la integración. Son personas, no mano de obra.

Este es un tema que está surgiendo con fuerza en Chile. Prueba de ello es que cada vez son más empresas las que se han acercado al Servicio Jesuita a Migrantes para que las acompañemos en procesos de transformación cultural. Se hace más urgente este proceso ya que la población chilena que presenta mayor rechazo a la migración es justamente la que comparte más espacios laborales con migrantes. Hay choques culturales que deben abordarse tanto para empleados chilenos, como migrantes. La evidencia muestra que empresas diversas e inclusivas son más creativas y productivas. Este es un proceso que involucra la integración de la población chilena y migrante. No es algo de ellos, ni de nosotros, sino de todos y todas.

*El autor es presidente directorio Servicio Jesuita a Migrantes.

Pulso