En 2013, la doctora Báltica Cabieses inició un proyecto que buscaba demostrar cómo el proceso de migrar a otro país es un factor determinante para la salud, a partir de la experiencia del migrante en la atención primaria.

El resultado del trabajo de la académica y su equipo finalizó este año, con la publicación de un libro que hoy es uno de los insumos que el Ministerio de Salud considera para la nueva Política de Salud de Migrantes.

Reconocimiento mutuo

El estudio -que llevó a Báltica Cabieses a obtener el Premio a la Investigación Científica Universitaria del Banco Santander y "El Mercurio" en la categoría "Investigador joven"- le permitió concluir que urge un verdadero enfoque intercultural para enfrentar los desafíos de la salud.

En otros países, la leche evaporada puede ser considerada parte de la dieta desde muy corta edad.

"La matrona desde su conocimiento -explica Cabieses respecto de temas como ese- rechaza la idea y tiene fundamentos fisiopatológicos: el estómago del bebé no está preparado. Pero puede que la mamá diga: 'Tengo cinco guaguas y con todas lo hice, nunca se enfermaron. Además, mi abuela lo hacía y lo que tú me estás pidiendo es que reniegue de ella".

En ese escenario, la profesional se pregunta: "¿Cómo genero ese espacio de reconocimiento mutuo para que la persona no solo haga lo que creo que debe hacer, por su bien y el de su hijo? No solo va a quedar mirándome en silencio y se va a ir, sino que no va a volver. Ahí no estamos dando el ancho en el encuentro intercultural, para responder a las necesidades de un país que está cambiando".

Necesidades específicas

Cabieses agrega que también se debe trabajar en las respuestas a necesidades específicas de la población migrante -como el tratamiento a un mayor número de casos de enfermedades como la sífilis y la tuberculosis-, sin generar xenofobia entre los locales. "En algunos casos particulares, se está observando que los números están aumentando (...) Es una preocupación súper legítima, pero que a mí me genera la inquietud de que se transforme en un vehículo de estigma", explica.

Poner el foco en la infancia

"Desde un enfoque de derechos humanos, nadie elige en qué país nace. Hay que desarrollar medidas de protección y tratamiento efectivas en esa población urgentemente, pero que primero no vean a ese individuo como un vector, sino que como un ser humano", dice.

Aunque no hay evidencia de grandes diferencias entre las dolencias de extranjeros y locales, Cabieses destaca que sí detectaron una mayor proporción de accidentes en niños extranjeros de uno a seis años. La tasa de traumatismos llega a ser casi un cuarto de los egresos hospitalarios de menores migrantes, comparado con un 13% en chilenos.

La experta ve una relación entre este dato, y las condiciones de hacinamiento que muchas familias migrantes enfrentan: "Ahí uno puede darse cuenta de que el cómo están viviendo puede estar teniendo consecuencias".

Valentina González
Nacional
El Mercurio
Nacional
El Mercurio