Como muestran los estudios, los migrantes son individuos autoseleccionados en su país de origen; es decir, migran aquellos con mayor propensión al esfuerzo, menos adversos al riesgo, más optimistas y más emprendedores. Como resultado de ello, los inmigrantes son en promedio más productivos que los trabajadores con las mismas calificaciones en el país de residencia.

Chile no presenta un déficit de trabajadores calificados (la tasa de participación en le educación superior es muy alta), pero probablemente existirá una creciente carencia de trabajadores no calificados que realicen sus labores con un estándar aceptable. Esto es urgente en el sector servicios y turismo. Chile tiene un gran potencial en estos sin embargo es sabido que la calidad del servicio en hoteles, restaurantes, tiendas, sector público es pobre. Mi experiencia, aunque casual, me ha ensenado que colombianos, venezolano y haitianos, en promedio, llevan cabo estas labores con mayor dedicación, respeto y dignidad que sus pares chilenos. Si a ello sumamos que muchos trabajadores chilenos no calificados no están dispuestos a aceptar ciertos tipos de trabajos y que los inmigrantes tienen en promedio mayor educación, la presencia de inmigrantes es un beneficio.

En promedio, como muestra la evidencia empírica, los inmigrantes son un aporte en términos económicos sin importar su origen y calificación. La evidencia para EU muestra que el mayor aporte lo hacen los inmigrantes de países africanos.  Además, aportan culturalmente en términos artísticos, musicales, culinarios, etc… Esto ayudará al desarrollo de un país como el nuestro, donde hay un alto grado de desconfianza, clasismo y racismo. Basta ver como ha mejorado la diversidad culinaria con la inmigración peruana y la productividad científica en áreas como la economía.

¿Implica todo esto que deberíamos dejar entrar a quién sea, cuándo sea?Frente a olas migratorias como la actual, producto del éxito económico del país, regularizar la situación de los inmigrantes a la brevedad es imperativo, pero no con el fin de expulsarlos, sino que con el fin de integrarlos a nuestra sociedad con todos los derechos y obligaciones que nuestra legislación exige. Hoy tenemos la oportunidad de hacernos de una ventaja competitiva consistente en una sociedad inclusiva de puertas abiertas. Tenemos mucho que aprender del resto del mundo, y ellos de nosotros.

Una política de puertas abiertas debería considerar una participación en el país de origen de los inmigrantes a través de los consulados correspondientes. Ellos deberían proveer información fidedigna y oportuna acerca de las condiciones y oportunidades que enfrentarán en nuestro país. Los inmigrantes deberían hacer sus trámites en los consulados correspondientes y ser aceptados a su arribo sin mayores restricciones. En general la experiencia mundial indica que las cuotas no funcionan en el comercio, en las leyes de inclusión y en la inmigración. Si hay información fidedigna y oportuna para los potenciales inmigrantes, inmigrarán aquellos que creen que les irá mejor en el país de destino. Así la inmigración se detendrá por si misma cuando deje de ser deseable.

Felipe Balmaceda


Profesor Departamento de Economía UDP, Investigador Instituto Milenio de Imperfeciones de Mercado y Política Pública e Instituto Milenio de Sistemas Complejos de Ingeniería

La Tercera