La migración es un problema que no se detiene, por lo que los países deben buscar estrategias para adoptar las políticas tendentes a su regulación y disminución. A esa conclusión han llegado varios especialistas internacionales que analizan las causas de los flujos migratorios y aportan soluciones para frenarlos, tras advertir que en ciertas situaciones pueden erosionar la democracia.

Aunque con enfoques distintos, los académicos coinciden en que ese movimiento de personas se produce por las precariedades que presentan las naciones de origen, los conflictos y las necesidades insatisfechas de los ciudadanos.    

El tema fue analizado durante el Desayuno de LISTÍN DIARIO por los académicos y especialistas en migraciones Carlos Waisman, de la Universidad de California, Estados Unidos; Francisco Carballo, de la Universidad de Londres; Mauricio Dimant, coordinador del Instituto Harry Truman de la Universidad Hebrew, de Jesuralem;  Denise Jardim, de la Universidad Federal de Rio Grande Do Sul, de Brasil,  y Alfonso de Toro, de la Universidad de Leipzip, Alemania.

En el encuentro, que fue presidido por el director de LISTÍN DIARIO, Miguel Franjul, los expertos internacionales participaron junto con el rector de la Universidad Apec,  Franklyn Holguín Haché,  y el escritor dominicano, Andrés L. Mateo.

Los académicos extranjeros se encuentran en el país para disertar en la conferencia internacional sobre inmigración, diáspora y democracia: repensando las experiencias latinoamericanas, organizada por al Universidad Apec y la  Universidad Hebrea de Jerusalem, la cual inició ayer y concluye este miércoles.

Alfonso de Toro considera que el problema fundamental de la migración está centrado en las condiciones de los países, las precariedades y las guerras.

Sostiene que esas precariedades tienen que ver con la forma en que los países manejan la producción y sus políticas financieras. Percibe que si no se cambia la forma de abordar ese problema no se va a cortar.

Apunta que los países europeos y otros no han sido capaces de darse cuenta que la migración no va a parar y que va a acompañar a los pueblos para siempre. Cita el caso de México con Estados Unidos, o de los países europeos.

Justicia y paz
Plantea que hay que decir a los pueblos que esa migración no se para. Pero a la vez enfatiza que tienen que ver con la hospitalidad, porque recibir es un acto de justicia y de paz.  “El tema de la democracia, de las políticas, es ver que esta es una realidad que hay que convivir con ella, que no es algo temporal”, subrayó.   

 Entiende que el concepto ahora debe ser el cómo recibir a los migrantes.

Cree que hay que considerar esa violenta realidad que viven los ciudadanos.

De su lado, Carlos Waisman observa que en ciertas condiciones, los flujos masivos pudieran erosionar la democracia de un país. Al igual que De Toro, percibe que esos movimientos de personas en el mundo contemporáneo son imparables, debido a los conflictos en países emisores, que impulsan a los ciudadanos a dejar su nación de origen.

Sugiere regular esos procesos para que no sean dañinos a la democracia. Sostiene que dependen de la capacidad de los estados para regular esos flujos y del poco interés de los paises.

Cree que las potencias, como Alemania, Estados Unidos, Francia y otras no tienen interés de que la migración sea controlada.  

Francisco Carballo precisa que la migración no para, por lo cual plantea que se debe pensar en un nuevo vocabulario para trazar las políticas.

Percibe que hay un problema teórico, que consiste en cómo cambiar el lenguaje político para enfrentar esta problemática. Observa que ya no se limita a las grandes potencias, sino que comienza a ser importante en América Latina, donde no ha sido tomado muy en serio.

Cree que el problema de la migración va a definir las políticas públicas y estima que el problema de las migraciones habla del fracaso de la democracia. Considera que en todo el mundo, los políticos le huyen a enfrentar ese tema.

En cambio, Denise Jardim observa que hay un esfuerzo de las universidades y de las organizaciones de la sociedad civil en pensar cómo abordar ese fenómeno. Y puso de ejemplo el caso de su país, Brasil, que cambió una ley de extranjería en el aspecto humano para equiparar los derechos de los inmigrantes a  los de los nacionales.  

Listin Diario