En 2004, durante el XLVIII Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Guadalajara, México, el entonces presidente del Comité Pontificio para los Emigrantes e Itinerantes, el cardenal Stephen Fumio Hammao, a pregunta expresa de este reportero sobre las posibilidades de que los migrantes mexicanos hacia Estados Unidos se convirtieran en promotores de la fe católica, respondió con la experiencia de éxito de los filipinos emigrados a su país, a Japón.

Ciertamente, decía el cardenal Hammao, Japón no es un país católico.  Apenas 0.5 por ciento de la población, unas 590,000 personas, son católicas; pero más de la mitad de ellos habían sido convertidos por los migrantes filipinos católicos que llegaron –y siguen llegando—como trabajadores domésticos, en la mayor parte de los casos (en este mismo momento, los católicos de origen filipino que residen en Japón son otras 500,000 personas).

Para el cardenal Hammao, ésta era una “historia de éxito” que tenía que reforzar la Iglesia en México y en toda la realidad de las emigraciones de países católicos a otros países del mundo.  El mejor de todos los bagajes para la conversión al catolicismo, dijo el purpurado, quien fuera obispo de Yokohama y falleciera en 2007, es la convicción de los migrantes y la formación católica en sus países de origen.

La potencia filipina

El 10% de los ciudadanos filipinos (unos 9.5 millones, la mayoría mujeres) residen fuera de su país. Debido a la situación económica por la que, durante años, ha atravesado Filipinas, muchos de los ciudadanos han salido en busca de mejores condiciones de vida.

En una investigación presentada por Santosh Digal para la Agencia Fides (“Diáspora filipina: misioneros del mundo moderno”) se habla de cómo  la Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas ha puesto la atención en el tema de la misión de los trabajadores filipinos en el extranjero, como propagadores de la fe católica en los 193 países en los que se encuentran dispersos.

Hay que recordar que Filipinas, después de Brasil y México, es el tercer país con mayor número de católicos del mundo.  Son católicos 73 millones de personas (82 por ciento de la población filipina son bautizados) y su nivel de práctica religiosa, medido como participación en una Misa a la semana, es de los más altos del mundo: 68 por ciento.  De ahí que la potencia evangelizadora de los católicos filipinos que emigran a otros lugares del planeta, sea una constante histórica.

Los países de misión

El término “trabajadores filipinos en el extranjero”, denota a los filipinos que están en el extranjero indefinidamente como ciudadanos o como residentes permanentes o temporales de un país diferente, y para aquellos ciudadanos filipinos en el extranjero por un período limitado y definido, como en un contrato de trabajo o como estudiantes.  Como lo hacen en su país, los trabajadores filipinos en el extranjero, dice en su análisis Digal, “toman y practican su fe fervientemente donde sea que vayan o estén”.

Es interesante cotejar dónde se encuentran, mayoritariamente, los filipinos que salen a trabajar al exterior.  El primero de todos los países, con 2.5 millones de trabajadores filipinos es Estados Unidos (país al que emigran cada año 85,000 filipinos en promedio).  El segundo país es Arabia Saudita, con 900,000 filipinos, y el tercero es Japón quien, junto con Italia, tiene a medio millón de filipinos viviendo en su territorio.

Ciertamente, no todos se dedican al servicio doméstico o al cuidado de personas.  En la lista de migrantes hay ya una buena cantidad de médicos, enfermeras, ingenieros y maestros.  Todos ellos comparten el mismo porcentaje de católicos (8 de cada 10) que en su país.  Es por ello que el arzobispo de Manila, cardenal Luis Antonio Tagle, considera que los trabajadores migrantes juegan un gran papel en compartir y proclamar la “alegría del Evangelio” dado su gran número.

Para muestra: Brunei

“Nuestros trabajadores migrantes filipinos en el extranjero se han convertido en la gran presencia misionera”, dice el cardenal Tagle en el informe que se ha publicado en Fides.  Y la muestra es clara en el sultanato asiático de Brunei, de presencia musulmana, donde hay alrededor de 20,000 católicos de los cuales 14,000 sobre trabajadores filipinos en el extranjero

Por ello, el obispo Paul Hinder, del Vicariato Apostólico de Arabia del Sur, ha hecho un llamamiento a los obispos filipinos para que envíen a más filipinos con base en el Medio Oriente para que se unan al vicariato. Alrededor del 90 por ciento del vicariato apostólico de Hinder es filipino. Sin los trabajadores filipinos en el Medio Oriente, el Obispo Hinder no tendría una diócesis, según el análisis de Fides.

Digal termina diciendo: “España trajo el cristianismo a las Filipinas hace siglos y, finalmente, ha allanado el camino para convertirlo en el país católico más grande de Asia. Ahora, con las bancas vacías del Oeste, es hora de que los ‘herederos’ se conviertan en misioneros y devuelvan la fe a Europa y otras partes del mundo, ya que es hora de que Asia regrese a Europa y América para ‘devolver la fe‘”.