Agolpados en parques y andenes, centenares de ciudadanos, entre colombianos retornados y venezolanos, forman largas filas a las afueras de las oficinas de giros internacionales de Cúcuta, a la espera de adelantar sus trámites recurrentes.

Esta imagen de represamiento se está repitiendo en varios puntos de la capital de Norte de Santander, donde la demanda de los miles de extranjeros y connacionales, que son arrastrados por la ola migratoria proveniente de Venezuela, excedió la capacidad institucional de entidades y empresas asentadas en esta región del país.

El fenómeno, que se acopló al paisaje cotidiano de los cucuteños, se viene presentando desde los últimos meses debido al ascendente flujo de migrantes que cruzan la frontera entre Colombia y Venezuela a través de los tres pasos fronterizos de este departamento, en busca de alimentos y medicamentos, e incluso, de oportunidades para rehacer sus vidas.

El Pais