Cada imagen recuerda algo del ayer. Aunque algunas son modernas, obligan a recordar antiguos capítulos de esa historia que se comenzó a escribir hace 525 años: la de la migración española a la República Dominicana que, por demás, ha ido a la par de procesos históricos que han dejado una importante impronta en la sociedad actual.
Colocadas en la verja perimetral del parque Independencia, las fotografías que forman parte de la exposición “Historias de Ida y Vuelta. Una mirada positiva hacia la migración hoy a través de españoles en República Dominicana” resumen lo que ha sido una emigración que ha tenido cuatro grandes oleadas en la era moderna.
La primera de ellas tuvo lugar a principios del siglo XX, a raíz de la Primera Guerra Mundial; la segunda durante y después de la Guerra Civil española, que tuvo lugar de 1936 a 1939; la tercera en los años 50 y 60, durante la dictadura de Francisco Franco, cuando hubo una importante inmigración de agricultores; y la cuarta, en los últimos once años, tras la crisis económica que ha afectado a España desde el año 2008.

El inicio. Para hablar de la migración española es necesario comenzar por el descubrimiento de América, cuando Cristóbal Colón llegó aquel 12 de octubre de 1492 y marcó el inicio de todo lo que sucedería en el continente.

Aquí, tal como explica el catedrático español Eugenio García Zarza, profesor jubilado de la Universidad de Salamanca, se erigió la primera ciudad: La Isabela.
Esa ciudad, indica García Zarza, marcó la pauta de una forma de construir. Las ciudades, a partir de ese momento, dejaron de ser laberínticas para ser regulares y cuadriculadas, un “auténtico cuadro casi de ajedrez”.
Sostiene que ese formato, impuesto por Nicolás de Ovando, se replicó de forma idéntica para construir la ciudad de Santo Domingo en 1497 y, posteriormente, en los miles de núcleos urbanos que se levantaron a partir de ese momento.
“Hay que considerar a Santo Domingo como la ciudad donde todo empezó; no solamente la primera ciudad regular, cuadriculada de Hispanoamérica, sino que todas las instituciones que España trajo a América tuvieron, por así decir, su banco de pruebas y su organización en Santo Domingo”, dice García Zarza, quien fue catedrático de la materia de Geografía Humana durante 35 años.
Pero Santo Domingo fue más que un banco de pruebas, manifiesta: “todo lo que se hacía en España pasaba por Santo Domingo: al surgir La Habana, al surgir México, al surgir Veracruz, Bogotá, Caracas, Lima y Buenos Aires. La importancia que hasta entonces había tenido Santo Domingo, canalizando todo lo español, es tal que Hernán Cortés descubrió México pero estuvo aquí, Francisco Pizarro también, Núñez de Balboa, Ponce de León, todos venían aquí y desde aquí ya iban a su destino”.
Para García Zarza, que ha hecho investigaciones sobre las ciudades históricas y las migraciones, Santo Domingo también fue clave para el origen de la defensa de los derechos humanos.
Recuerda que el comportamiento de los españoles hacia los indígenas provocó que el padre Bartolomé de las Casas asumiera el firme propósito de defender la igualdad de las personas al margen de su procedencia, raza o el color de la piel.
Migración española. Al hablar de la migración española hacia Hispanoamérica, García Zarza señala que una parte importante de ella se dio después que terminó la Guerra Civil española, en 1939, hasta el año 1975.
Al finalizar la Guerra, dice, había un crecimiento demográfico notable y no había trabajo para la gente.
“En general desde Río Grande hasta Cabo de Hornos se dirigen los españoles en grandes oleadas y en grandes cantidades, con una repercusión muy grande por parte de España en cuanto a pérdida de población y en cuanto a recepción de remesas que le llegan desde aquí, solucionando buena parte de los problemas muy serios que tenía entonces España por su aislamiento internacional y por tener que superar todos los daños horribles heredados de la Guerra Civil”, manifiesta.
A partir de 1975, cuando España comienza a vivir una nueva etapa en su desarrollo económico, la historia cambia: hay más puestos de trabajo, se reduce el crecimiento de la población y ya no hay excedente de mano de obra. Entonces España deja de ser un país de emigrantes para ser uno que recibe inmigrantes.

Los emigrantes. Cuando se le pregunta qué piensa sobre los emigrantes, García Zarza dice que tienen un valor destacadísimo. “Son personas que se mueven por unas actitudes muy distintas a las personas normales: son expulsados de su país por unas circunstancias económicas y sociales y son recibidos en otros lugares donde a veces desconocen por completo y tienen que adecuarse”.
El catedrático sostiene que son personas de una inestabilidad, o de una dualidad, que además tiene el inconveniente de no saber de dónde son ni de dónde proceden y eso crea una inestabilidad que los hace ser personajes muy particulares y además con una gran influencia social permanentemente.
La exposición. Fue montada por la embajada de España en Santo Domingo y el Instituto Nacional de Migración, en colaboración con el Archivo General de la Nación, la Organización Internacional para las Migraciones, la Fundación Corripio, Manuel González Cuesta, Supermercados Nacional y Air Europa.

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