La ambulancia en la que era trasladada Rosa María Hernández fue detenida súbitamente la madrugada del martes pasado.

La niña mexicana de 10 años, quien padece parálisis cerebral, viajaba acompañada de su tía, Aurora Cantú, cuando los agentes de la Patrulla Fronteriza de EU detuvieron el vehículo en la carretera entre Laredo y Corpus Christi, en el sur de Texas.

Rosa María tenía que ser sometida a una cirugía de vesícula biliar de emergencia, pero los agentes migratorios detuvieron la ambulancia para comprobar el estatus legal de quienes viajaban en el vehículo.

Encontraron que Cantú es ciudadana de EU, pero la niña es indocumentada.

Le permitieron continuar hacia el hospital, pero escoltada por los agentes armados en todo momento, señala el abogado de la familia Hernández, Alex Gálvez, a BBC Mundo.

Incluso en el hospital pidieron que la puerta de su habitación estuviera abierta “en todo momento” para vigilar a la menor, algo que es “súper anormal”, según la experiencia de Gálvez, quien es abogado migratorio en Texas.

Separadas

Felipa de la Cruz, de 39 años, cruzó la frontera con su hija Rosa María en 2007, cuando la niña solo tenía tres meses de edad.

Ninguna de las dos tiene documentos para ingresar a EU, pero De la Cruz dice que lo hizo como una madre que quería hacer todo para que su hija tuviera la atención médica que necesitaba.

Rosa María padece parálisis cerebral, un trastorno neurológico que afecta los movimientos del cuerpo.

Había estado viviendo en Laredo desde hace 10 años, pero la necesidad de la cirugía de vesícula biliar se presentó esta semana y la menor tenía que ser llevada al Hospital Pediátrico Driscoll de Corpus Christi.

De la Cruz no podía viajar con ella,por el temor de que fuera detenida en los “puntos de control” que tiene la Patrulla Fronteriza en las carreteras del sur de Texas, a unos kilómetros de la frontera con México.

“Nunca se me pasó por la mente que algo de lo que está sucediendo en este momento podría suceder. Cuando eres madre, lo único que te importa es tu hija”, dijo De la Cruz al diario The New York Times.

Y es que Rosa María fue puesta bajo custodia de la Aduana y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) desde que fue dada de alta del hospital, el miércoles.

Está detenida en un centro para menores indocumentados en San Antonio, donde no está acompañada por ningún familiar.

Su madre no puede verla porque teme ser detenida y deportada también

“Está en detención de migración, aunque está en un albergue, está en posesión de migración y ha pasado al proceso de deportación”, explica el abogado Gálvez.

Según Aurora Cantú, la tía de Rosa María, los agentes los presionaron para que firmaran los documentos de salida voluntaria hacia México, pero ella se negó.

Petición médica

Los agentes de migración cumplieron con la detención de Rosa María pese a que cuando viajaba en la ambulancia contaba con un salvoconducto médico, además de que había una recomendación de sus doctores para que no quedara sola, algo también sumamente inusual, según el abogado Gálvez.

El alta médica instruía a que Rosa María estuviera acompañada de uno de sus seres queridos “que estuviera familiarizado con sus necesidades médicas y psicológicas“, indicaron los médicos en sus documentos.

Aun así fue llevada al centro de detención de San Antonio, a unos 240 kilómetros de Laredo, donde está Felipa de la Cruz.

“Esta madre tiene derechos constitucionales de estar con su hija. La niña no estaba cruzando la frontera, ella estaba viviendo con su madre en Estados Unidos. No es una amenaza social”, señala Gálvez.

BBC Mundo pidió a Aduana y Protección Fronteriza una declaración sobre este caso, sin que hubiera una respuesta de forma inmediata este viernes.

Sin embargo, Dan Hetlage, portavoz de la institución, señaló a la radio pública estadounidense NPR que durante todo el proceso los agentes migratorios estaban haciendo cumplir la ley federal de inmigración.

El agente está mal si la hubiera dejado ir. No tenemos discreción, no es una multa de tráfico. Seguimos la ley al pie de la letra”, dijo.

“Es frustrante para nosotros… soy un ser humano. Los agentes están tratando de hacer su trabajo lo más humanamente posible”, expresó Hetlage.

Joaquín Castro, representante de San Antonio, señaló que la detención se produjo en una “ubicación sensible”, sitios como hospitales, iglesias y escuelas en donde están prohibidas las redadas migratorias a menos que se trate de casos de seguridad nacional, terrorismo o seguridad pública.

Pero la Patrulla Fronteriza sostiene que la detención de Rosa María se dio en el “puesto de control”, no en el hospital, el cual no se considera una “ubicación sensible”.

Gálvez rechaza eso: “La niña nunca estuvo en custodia hasta que le dio alta el doctor”.

“Les han dado (a los agentes) tanta discrecionalidad de que hagan lo que quieren que se están vulnerando los derechos humanos. Ellos quieren que sepas que van a hacer tu vida imposible: si quieres ir al hospital más vale que lo pienses doble”, dijo.

Sigue “en recuperación”

El caso de Rosa María ha generado protestas de varias organizaciones de defensa de los inmigrantes, como la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés).

“Estamos indignados porque la administración de Donald Trump y la Patrulla Fronteriza fueran en busca de una niña como Rosa María. Habla de la falta de empatía de esta administración y de las redadas de la Patrulla Fronteriza contra los más vulnerables en nuestras comunidades de inmigrantes”, dijo Astrid Domingez, de la ACLU en Texas.

La organización Dream Activist inició una petición dirigida a la directora del Departamento de Seguridad Nacional para que “cierre de inmediato el caso de deportación de Rosa María para que la familia se concentre en reunirse con su hija”.

Ya que Rosa María tiene un comportamiento de una niña de 5 años, a pesar de tener 10, hasta ahora su madre ha tratado de convencerla de que sigue en recuperación y diario la llama por teléfono.

“Recupérate pronto para que puedas estar conmigo, échale ganas”, le dice su madre, según Gálvez.

Pero el abogado señala que este caso muestra el endurecimiento de las redadas migratorias contra indocumentados en Estados Unidos bajo el gobierno actual.

“Es bien triste cuando uno los oye hablar a los dos, ella llora, la mamá llora. Es la nueva realidad del indocumentado”, dice.

Su esfuerzo ahora se concentra en hacer que Rosa María sea liberada en dos o tres semanas, y no en los más de tres meses en que se resuelve un proceso de deportación judicial.

BBBMUNDO