En el mundo hay 66 millones de personas que están haciendo planes para dejar su país. O, al menos, eso es lo que señala la Organización Internacional de Migraciones (OIM), que ha publicado recientemente el informe Midiendo el potencial migratorio a nivel global, elaborado con encuestas realizadas en 159 países durante seis años.

El estudio se fundamenta en tres preguntas. La primera, basada en el deseo de irse: ¿idealmente, si tuviera la oportunidad, le gustaría trasladarse permanentemente a otro país? La segunda, en caso de respuesta afirmativa de la anterior: ¿está usted planeando hacerlo el próximo año? Y la tercera, aún más concreta: ¿ha realizado usted alguna preparación para este traslado?

La respuesta a estas tres preguntas nos da una visión matizada del número de personas dispuestas y las que realmente están preparándose para ello. En un mundo de grandes desigualdades, no es de extrañar que 710 millones de personas hayan respondido afirmativamente a la primera pregunta. Teniendo en cuenta que el número de migrantes internacionales es en la actualidad de 244 millones, esta cifra parece más un indicador de insatisfacción con las condiciones de vida de un país, que una posibilidad real.

Con todo, 66 millones de personas están haciendo planes concretos y 23 millones de ellas ya han realizado alguna tarea relacionada con su posible traslado, como pedir un visado, ahorrar dinero para el viaje o estudiar el idioma del país de destino.

Obviamente, no todas estas personas finalmente emigrarán. Sin embargo, los análisis revelan que hay una correlación entre el número de las que están haciendo preparativos para el traslado y los flujos reales: aproximadamente una de cada tres llegará a hacerlo. Esto supone casi ocho millones de probables emigrantes en todo el mundo. En la lista de los 20 países con un mayor número de personas adultas preparándose para trasladarse permanentemente a otro país, se encuentran dos  europeos, España e Italia.

Como era esperable, los lugares más frecuentemente elegidos como destino son la Unión Europea (29%), con Reino Unido, Francia y Alemania a la cabeza, seguida de los Estados Unidos (21%). España aparece como uno de los favoritos: aproximadamente el 3% quiere trasladarse aquí.

Sin embargo, no todas las personas pretenden ir a alguno de los países más desarrollados. Así, el 40% de las originarias de África y Oriente Medio tiene previsto quedarse en la misma región. Y en general, una de cada tres aspira a establecerse en uno que no está dentro del grupo de los 50 más desarrollados, según el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas.

Con respecto a las personas que están detrás de estas cifras, el perfil tipo que emerge del estudio es el de un varón, joven (de entre 20 y 40 años), soltero, que vive en una ciudad y que tiene entre 9 y 15 años de escolarización.

Así pues, las previsiones apuntan a que en los próximos años los desplazamientos hacia España y la Unión Europea en su conjunto se mantendrán. Si tomamos esta afirmación por cierta, es urgente reflexionar sobre cómo se están enfocando hoy en día las políticas migratorias y cómo hacer que salgan del bucle de seguridad y criminalización de las personas migrantes en el que se encuentran desde hace años.

Según el Overseas Development Institute, la política de control de fronteras costó a Europa al menos 17.000 millones de euros entre 2014 y 2016. Pero el cierre de unas rutas implica la apertura de otras nuevas, cada vez más arriesgadas y peligrosas. Y las consecuencias de esta política son terribles: el proyecto The Migrants Files ha registrado desde 2014 las muertes de más de 17.000 personas durante su travesía, la gran mayoría de ellas mientras trataban de llegar a Europa. Es necesario, por tanto, dejar de lado las excusas y establecer, sin más dilación, vías legales y seguras de acceso a Europa.

Sin embargo, la gestión de las migraciones no puede hacerse mirando solo dentro de nuestras fronteras, sino que debe tener una perspectiva global. Desde septiembre de 2016, ya hay un camino para ello. La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes que fija las bases para realizar un proceso intergubernamental de negociaciones durante dos años que culminará en un Pacto Global sobre Migraciones y en un Pacto Global sobre Refugiados.

Este proceso de negociaciones es una oportunidad para promover acuerdos que favorezcan que las migraciones se hagan por elección y no por necesidad, para situar los Derechos Humanos en la base de toda estrategia de gestión de las mismas y para construir sociedades más inclusivas e igualitarias, desterrando la xenofobia, el racismo y la discriminación.

Begoña Santos Olmeda es miembro de la Asociación Karibu de defensa de los derechos de los migrantes en España.

El Pais